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La magia de lo “gratis”: el truco de manos favorito de quienes reparten promesas

Hay un espectáculo que nunca pasa de moda. No necesita luces, ni humo, ni un mago con capa brillante. Basta un atril, un micrófono y un público dispuesto a creer que los unicornios existen. Es el show de “lo gratis”. Ese momento glorioso en el que alguien, desde algún despacho con moqueta, anuncia que va a regalar algo “para todos”. Y la multitud aplaude, emocionada, como si acabaran de descubrir que el pan crece en los árboles y la electricidad la fabrican los duendes.

Porque claro, ¿quién no quiere cosas gratis? Es un concepto maravilloso. Tan maravilloso que solo tiene un pequeño detalle técnico: no existe. Pero oye, no dejemos que la realidad arruine una buena fantasía colectiva.

La escena es siempre la misma: alguien promete que va a dar algo sin coste, y la gente asiente feliz, sin preguntarse quién paga la fiesta. Es como si en un restaurante te dijeran: “Tranquilo, la cena es gratis… solo que la pagará la mesa de al lado”. Y tú, encantado, porque total, no eres tú. Hasta que un día descubres que todas las mesas son la mesa de al lado.

La ironía es deliciosa: quienes creen que reciben un regalo, en realidad están financiando su propio obsequio. Es como si te robaran la cartera, te compraran un helado con tu propio dinero y luego te lo dieran con una sonrisa paternalista: “Toma, para que veas cuánto te cuido”.

Pero la mejor parte es la narrativa épica. Se habla de “derechos”, de “progreso”, de “avances históricos”, cuando en realidad lo que hay es un Excel con números rojos y un ciudadano que, sin saberlo, está pagando la ronda completa. Y encima da las gracias.

La próxima vez que alguien anuncie algo “gratis”, quizá convenga recordar una regla básica del universo:
si no lo pagas tú directamente, lo pagas tú indirectamente.
Y si no lo pagas tú, lo pagará tu yo del futuro, ese pobre desgraciado que aún no sabe que le han hipotecado la sonrisa.

Pero bueno, dejemos que el espectáculo continúe. Al fin y al cabo, la magia no funciona si el público deja de creer.

Bienvenido nuevamente a deprofesionpolitico.blog.
Aquí analizamos no solo lo que dicen, sino lo que no dicen. Y, sobre todo, por qué lo dicen así.


P. S.

Sí, algunos siguen hablando como si repartieran sabiduría ancestral. Otros, directamente, como si les hubieran dado el guion cinco minutos antes. Pero no te confundas: cuando llega el momento de vender humo envuelto en papel de regalo, todos dominan el arte por igual. Aquí no hay colores, solo la misma paleta de promesas luminosas que, curiosamente, siempre acaban pagándose en tonos de gris.


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