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La clase política declara la guerra al enemigo definitivo: niños jugando al fútbol

La clase política de Ibiza, siempre alerta ante las grandes amenazas sociales, ha identificado por fin el origen de todos los males: los niños jugando al fútbol en el recreo.
Sí, has leído bien. No la falta de profesores, no los barracones, no los patios que parecen planchas de asfalto al sol.
No.
El problema es el balón.

Según algunos partidos, el fútbol infantil es “machista y violento”. Y claro, ante semejante diagnóstico científico, la solución es evidente: prohibirlo.
Porque si algo caracteriza a nuestra clase política es su capacidad para resolver problemas complejos con medidas que no resuelven absolutamente nada, pero quedan estupendas en un titular.

La escena es fácil de imaginar:
Un grupo de responsables públicos, reunidos en una sala, analizando la situación educativa con la profundidad de un charco.
—“¿Bullying?”
—“¿Falta de recursos?”
—“¿Educación emocional?”
—“Bah. Eso es muy complicado. Mejor prohibimos el fútbol, que queda moderno y suena a revolución pedagógica.”

Mientras tanto, los niños de Ibiza, esos seres peligrosísimos que osan correr detrás de una pelota, se preparan para un futuro recreo sin fútbol.
¿Qué harán ahora?
Quizá actividades más “pacíficas”, como mirar fijamente una pared, practicar respiración consciente o debatir sobre la huella de carbono de sus zapatillas.
Todo muy zen, muy igualitario y, sobre todo, muy útil para evitar que se diviertan.

Lo mejor de todo es la coherencia del argumento:
El fútbol es violento, pero prohibirlo por decreto… eso sí que es un ejemplo de convivencia democrática.
El fútbol es machista, pero decidir desde un despacho lo que pueden o no pueden jugar los niños… eso sí que es empoderamiento.
El fútbol genera conflictos, pero imponer prohibiciones sin diálogo… eso sí que es pedagogía avanzada.

La clase política ha vuelto a demostrar su talento natural:
cuando no saben cómo mejorar la educación, la maquillan.
Y cuando no saben qué hacer con un problema, inventan otro más fácil de prohibir.

En fin.
Que si mañana anuncian que también van a prohibir correr, saltar o reír demasiado fuerte, no te sorprendas.
La creatividad regulatoria no tiene límites cuando se trata de evitar pensar en lo importante.

Bienvenido nuevamente a deprofesionpolitico.blog. Aquí analizamos no solo lo que dicen, sino lo que no dicen. Y, sobre todo, por qué lo dicen así.


P.S.

Sí, algunos hablan mejor que otros. Pero cuando se trata de prohibir antes que pensar, toda la clase política juega en el mismo equipo.


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