En un nuevo episodio de “Gobernar es hacer magia con números que no son tuyos”, la clase política ha anunciado con orgullo la subida del Salario Mínimo Interprofesional. Un gesto noble, casi heroico, si no fuera por ese pequeño detalle técnico que se les “olvidó” ajustar: el mínimo exento del IRPF.
Porque claro, ¿qué mejor manera de ayudar a quienes menos ganan que… hacer que paguen más?
Según fuentes imaginarias pero perfectamente plausibles, el razonamiento interno fue más o menos así:
—“Subimos el SMI para que la gente tenga más dinero.”
—“Genial, ¿y si ajustamos también el IRPF para que no se lo quitemos?”
—“¿Perdón? ¿Renunciar a recaudar? ¿Estamos locos?”
El resultado es una obra maestra de ingeniería fiscal:
te suben el sueldo para que puedas pagar más impuestos sin quejarte demasiado, porque técnicamente “cobras más”. Es como regalarte un helado y luego cobrarte el cucurucho, la servilleta y el aire que respiras mientras lo comes.
La clase política, siempre atenta a las necesidades del ciudadano, ha explicado que “todo esto es por tu bien”. Y puede que tengan razón: pocas cosas fortalecen tanto el carácter como ver cómo tu nómina sube… mientras tu cuenta bancaria baja.
Eso sí, no descartemos que en la próxima campaña aparezca un nuevo lema:
“Hemos subido el SMI. Lo que te quede después ya es cosa tuya.”
Bienvenido nuevamente a deprofesionpolitico.blog.
Aquí analizamos no solo lo que dicen, sino lo que no dicen. Y, sobre todo, por qué lo dicen así.
P.S.
Sí, algunos hablan mejor que otros. Pero en esto están todos de acuerdo: cuando hay que subir algo, que sea tu carga fiscal, no la suya.
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