Hay fenómenos que la ciencia aún no ha logrado explicar del todo: la materia oscura, la conciencia humana y la sorprendente capacidad de un político para prometer lo mismo cada cuatro años como si fuera la primera vez. No importa el país, el partido o la ideología: el ciclo es universal, casi biológico. Una especie de migración estacional, pero con ruedas de prensa.
Todo empieza con la promesa. Es un momento mágico. El político profesional despliega su mejor sonrisa, su tono más convincente y su habilidad innata para hablar durante diez minutos sin decir nada que pueda comprometerlo. La promesa es flexible, moldeable, adaptable. Sirve para todos y para nadie. Es un arte.
Luego llega la fase del incumplimiento. No es culpa suya, por supuesto. Siempre hay un motivo externo: la herencia recibida, la oposición, la falta de recursos, la situación internacional, la alineación de los planetas. El político profesional nunca falla; simplemente “no se dieron las condiciones”. Es un matiz importante.
Y finalmente, la fase más fascinante: la repetición. La promesa vuelve, renovada, rejuvenecida, con un ligero cambio de palabras para que parezca nueva. El político la presenta con la misma convicción que la primera vez, como si no existiera un historial previo, como si la memoria colectiva fuera un disco duro que se formatea cada legislatura.
Lo extraordinario es que el ciclo funciona. Una y otra vez. Y no porque la ciudadanía sea ingenua, sino porque la política se ha convertido en un espectáculo donde todos conocemos el guion, pero seguimos asistiendo a la función. Quizá por costumbre, quizá por esperanza, quizá porque, en el fondo, nos gusta pensar que esta vez será diferente.
Este blog observa ese ciclo con calma, sin indignación exagerada ni cinismo barato. Solo con ironía fina y la certeza de que, mientras existan cargos públicos, existirán promesas reciclables. Y mientras existan promesas reciclables, habrá mucho que analizar.
Bienvenido de nuevo a deprofesionpolitico.blog.
Aquí no rompemos el ciclo, pero al menos lo contamos con estilo.
P. S.
Sí, ya sé que algunos incumplen con más gracia que otros. Pero la crítica aquí es transversal: se reparte con la misma elegancia para todos los colores del arco parlamentario.
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